martes, 26 de enero de 2010

Cultura y Televisión

La influencia de la televisión en la cultura

En sí misma la televisión es un poderoso instrumento de formación e información. Pero puede ser convertido fácilmente en mecanismo de deformación y desinformación, sobre todo si se engancha a la maquinaria publicitaria que rige el mercado. Así, la misma televisión se vuelve un producto para ser consumido y por tanto centrado en el aumento de los índices de audiencia.

Para ello se recurre a todo tipo de estrategias, con tal de los telespectadores se sientan atraídos por las imágenes. El problema es que la ventana electrónica está abierta hacia dentro del núcleo familiar. Es ahí donde ella descarga la profusión de imágenes y alcanza indistintamente a niños y adultos, sin el menor escrúpulo en lo referente al universo de valores de la familia.

Si la televisión transmitiese cultura -todo cuanto mejora nuestra conciencia y nuestro espíritu- sería el más poderoso vehículo de educación. Es verdad que no deja de hacerlo, pero la regla general no son los programas de densidad cultural sino el mero entretenimiento: distrae, divierte y, sobre todo, abre la caja de Pandora de nuestros deseos inconfesables. La imagen que “dice” lo que no nos atrevemos a pronunciar.

Al superar el diálogo entre padres e hijos e imponerse como interlocutora hegemónica dentro del núcleo familiar, la televisión altera las referencias simbólicas fundamentales del siquismo infantil. Es mediante el habla como una generación transmite a otras creencias, valores, nombres propios, mega-relatos, genealogías, ritos, relaciones sociales, etc. Transmite incluso la misma aptitud humana del uso de la palabra, a través del cual se teje nuestra subjetividad y nuestra identidad. Es esa interacción, propiciada por el diálogo oral, cara a cara, como nos educa las relaciones de alteridad, nos hace reconocer el yo delante del Otro, así como las múltiples conexiones que unen a uno con otro, tales como emociones, imágenes provocadas por gestos, expresiones faciales cargadas de sentimientos, etc.

El habla o el diálogo demarcan las referencias fundamentales a nuestro equilibrio síquico, como la identificación del tiempo (ahora) y del espacio (aquí), y de los límites de mi ser en relación a los demás. Si el habla se reduce a una catarata de imágenes que tratan de exacerbar los sentidos, las referencias simbólicas del niño corren peligro. El niño siente la dificultad de construir su universo simbólico, no adquiriendo sentidos de temporalidad e historicidad. Todo se reduce al “aquí y ahora”, a la simultaneidad. La misma tecnología que reduce distancias en tiempo real -internet, teléfono celular, etc.- favorece una sensación de ubicuidad: “yo no estoy en ningún lugar porque estoy en todos”.


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La cultura en el neoliberalismo

Neoliberalismo y cultura

17 Septiembre, 2008 a 14:33 pm (Articulo)

El neoliberalismo no sólo intenta destruir las instancias comunitarias creadas por la modernidad, como la familia, el sindicato, los movimientos sociales y el Estado democrático. Su proyecto de atomización de la sociedad reduce a la persona a la condición de individuo desconectado de la coyuntura socio-político-económica en la cual se inserta, y lo considera como mero consumidor. También se extiende, por tanto, a la esfera cultural.

Uno de los avances de la modernidad fue, con la llegada de la democracia, reconocer a la persona como sujeto político. Éste pasó a tener, además de deberes, derechos. Dotado de conciencia crítica, se libró de la condición de siervo ciego y dócil a las órdenes de su señor, consciente de que autoridad no es sinónimo de verdad, ni poder sinónimo de razón.

Ahora se busca quitarle a la persona su condición de sujeto. El prototipo de ciudadano liberal es el que se abstiene de cualquier pensamiento crítico y, sobre todo, de participar en instancias comunitarias. Y a esa cultura de abstención voluntaria contribuye de modo especial la televisión.

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Globalización y educación

¿Y la educación?
Muchos profesores se quejan de que los alumnos ya no están tan atentos en las clases. Claro, el sueño de ellos sería poder cambiar al profesor de canal… Muchos niños y jóvenes muestran dificultad para expresarse porque no saben oír. Poseen un raciocinio confuso, en el que la lógica resbala frecuentemente en el aluvión de sentimientos contradictorios. Creen, sobre todo, que son inventores de la rueda y por tanto poco les interesa el patrimonio cultural de las generaciones anteriores (el financiero sí, sin duda).

De ese modo la cultura pierde refinamiento y profundidad, se confina a los simulacros de talk-show, donde cada uno opina según su reacción inmediata, sin reconocer la competencia del Otro. En el caso de la escuela, este Otro es el profesor, visto no sólo como despojado de autoridad sino, sobre todo, como quien abusa de su poder y no admite que los alumnos le traten de igual a igual… Ahora bien, ya que el profesor no “escucha”, entonces sólo hay un medio de hacerle oír: la violencia. Pues fueron educados por la televisión, en la cual no se da el ejercicio de la argumentación paciente, de la construcción esclarecedora, del perfeccionamiento del sentido crítico. Es el incesante toma y daca, y casi siempre a base de coacción.

Por eso se cae en una educación calificada por Jean Claude Michéa de “disolución de la lógica”. Se deja de distinguir entre lo principal de lo secundario, de percibir el texto en su contexto, de incluir lo particular en el telón de fondo de lo general, para acatar pasivamente las presiones de consumo que intentan transformar los valores éticos en meros valores pecuniarios, o sea todo es mercadotecnia, y es su precio el que le imprime, a quien lo posee, determinado valor social, aunque no tenga carácter.

Se prescinde del acto de pensar, reflexionar, criticar y especialmente de participar en el proyecto de transformar la realidad. Todo pasa a ser una cuestión de conveniencia, gusto personal, simpatía. También son considerados comerciables la biodiversidad, la defensa del medio ambiente, la responsabilidad social de las empresas, el genoma, los órganos extraídos a los niños, etc.

Tomado de: http://images.google.com.mx/imgres?imgurl=http://zapateando2.files.wordpress.com/2008/09/neoliberalismo.jpg&imgrefurl=http://zapateando2.wordpress.com/2008/09/17/neoliberalismo-y-

domingo, 24 de enero de 2010

¿Qué puede hacer la gente?

Falta de conciencia*
El medio ambiente se deteriora rápidamente, no sólo por la acción depredadora de las grandes empresas, sino también por nuestra falta de conciencia. Estamos acostumbrados a la cultura del consumismo ya que muchas veces comparamos cosas innecesarias, lo que resulta anti ecológico, tiramos todo a la basura sin pensar si se puede reutilizar, reciclar o si podrá ser útil para otra persona. Debemos poner atención en el ahorro de energía ya que algunos aparatos gastan hasta el 33 % como: refrigeradores, lavadoras o televisores. Los productos de limpieza no son solo innecesarios, sino también muy nocivos para el medio ambiente. Tu casa puede quedar muy limpia con solo usar jabón, bicarbonato, vinagre y limón.

No estamos ante el fin del mundo
Esencialmente, no estamos ante el fin del mundo, aunque muchas veces eso parezca, sino frente a un nuevo paradigma, es decir, una nueva forma de organización internacional. En este sentido, no solo es necesario que los gobiernos vuelvan a establecer las reglas del juego, sino que principalmente nos encontramos ante la oportunidad de que la sociedad civil, es decir tu y yo, tenga cada vez más voz y voto para hacer de este planeta un lugar justo, sano, limpio y sin violencia.

*Tomado de Marcela Parra. “¿Qué pasa en el mundo?” TVNotas, México, 2008. No.621. semana 39, s/pág.

Economía y sociedad

En lo económico se dejo de invertir en servicios para la gente

A falta de recursos económicos en manos gubernamentales, el estado se ve impedido ahora para satisfacer las demandas sociales y el ahorro a fin de fomentar el desarrollo y crecimiento nacional. En América latina, por ejemplo, el sector agropecuario ha padecido la falta de inversión para trabajar la tierra por parte del gobierno mientras que los ciudadanos hemos sufrido por la mala calidad de los servicios que presta el gobierno en materia de seguridad, transporte, salud y educación para nuestros hijos.


En lo social: ha crecido el desempleo, la inseguridad y la violencia
El Estado, al dejar de ser el conductor del desarrollo nacional y el que promovía la distribución del ingreso, provocó mayor pobreza, baja calidad de los servicios sociales, aumento del desempleo, agudizó las diferencias sociales y por consiguiente, se produce un incremento de la inseguridad y la violencia. En resumen menor calidad de vida.

¡Pero no todo está perdido y hay que actuar porque el futuro del planeta está en nuestras manos¡

Lo importante es que tomemos conciencia y nos infórmenos sobre los que hacen nuestros gobiernos, ya que muchas decisiones se toman sin nuestro consentimiento o aprovechando la indiferencia de la gente; a falta de un severo cuestionamiento, la delincuencia y el crimen organizado aumentaron en cifras alarmantes. Otro temas importante es el de la reforma energética, pues la decisión que se tome repercutirá enormemente para nuestro bienestar en el futuro.

Si nuestro gobierno toma medidas para reactivar el campo, la crisis alimentaria no tendrá porque perjudicarnos ya que tendremos lo necesario, sin tener que importar de otros países

Las trasnacionales

Ahora las trasnacionales dominan a los gobiernos

Este sistema inhumano pretende fomentar el crecimiento por medio de la no intervención del Estado en la economía con medias que antes permitían equilibrar la distribución de la riqueza como el aumento salarial, el control en el precio de los alimentos de la canasta básica y el incremento en el gasto público para servicios de salud, educación, seguridad, vivienda. Ahora son las empresas privadas y las grandes corporaciones internacionales las que toman las decisiones para el progreso y el bienestar.


A todo y a todo nos ha afectado este sistema, pues el conflicto es ahora al interior de los países

El estado ya dejo de ser la figura dominante en la política mundial para ser reemplazado por lo que dictan ahora las grandes corporaciones multinacionales, el sistema financiero mundial y las instituciones internacionales como la Organización Mundial del Comercio y el Fondo monetario internacional. Cada vez más la gente cuestiona a sus gobiernos porque día a día la disminución de los recursos es mayor, así como las diferencias sociales. Por esta razón los conflictos que afectan actualmente al sistema internacional han ocurrido principalmente al interior de los países. Al grado de que se puede afirmar que de los 82 conflictos armados que se registraron entre 1989 y 1992 pueden atribuirse a la pobreza, la marginación y en general a la falta de desarrollo.

Los resultados de la globalización

El resultado de la globalización: creció la pobreza y el descontento social.
Después de la desaparición de la unión soviética y del socialismo en Europa, en los 80 las grandes empresas trasnacionales empiezan a establecerse en otros países, incluyendo a los ex socialistas, para aprovechar las materias primas y la mano de obra barata en la producción industrial. Esto permite crear alianzas empresariales con capitales de otras nacionales para vender más baratos los productos en el mercado internacional.


La repartición de la riqueza es desigual

Surge entonces la globalización, es decir el mercado único que abarca todo el mundo sin barreras de los gobiernos nacionales, la llamada “aldea global”, donde todos disfrutamos de los avances tecnológicos y científicos, así como de un comercio justo. Sin embargo, las ventajas se han distribuido en forma desigual, pues los pises ricos se han enriquecido más a costa de las naciones pobres y su gente, lo que ha generado descontentos por todas partes.
Esto ha abierto una enorme brecha entre ricos y pobres. Así, a través de la venta y la privatización de empresas, de bienes y servicios públicos como carreteras, energía y telefonía, se concentra la riqueza en unas pocas manos y esto hace que el ciudadano común pague más para satisfacer sus necesidades básicas.

Globalización

¿Qué pasa en el mundo?
¿Por qué está tan convulsionado?
¿Será este el fin?


Estas son algunas de las preguntas que hoy se hacen con frecuencia, pues todos los días escuchamos en el noticiero información acerca de los conflictos, protestas, guerras, atentados y un desmesurado incremento en los precios de los alimentos, así como sobre su escasez, que causa la muerte de millones de personas en el mundo. Pero todo esto no es de ahora, sino del resultado de un largo proceso de cambios, si que para explicarnos un poco el estado actual de nuestro mundo, hicimos este recuento:

Todo empezó a cambiar hace más de 35 años
Luego de la segunda guerra mundial, en 1945, el escenario internacional se dividió en dos bloques de poder: por un lado Estados Unidos y por el otro la Unión soviética, quienes se enfrascaron en una competencia por crear nueva tecnología para la producción industrial y el crecimiento económico, pero sobre todo en una vertiginosa carrera armamentista.

Sin embargo, durante los años 70 surgen varios factores que desestabilizan este modelo internacional, se registra una crisis del petróleo, cuando aumentan los precios 18 veces su valor. Se vive la peor situación económica que ocasiona una disminución de la producción y el estancamiento del comercio internacional. Ésta crisis económica provoca en 1989 la caída del muro de Berlín, que simbolizaba la separación del mundo y con él desparece también la Unión soviética.

También en esta época comienza a desarrollarse la robótica, la electrónica computacional la ingeniería biotécnica, que acortan las diferencias entre los países. De esta forma empieza a nacer un nuevo modelo: la globalización.

Hegemonía de Estados Unidos a fines del siglo XX

¿Qué significa la palabra hegemonía?